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Malos tiempos para la homeopatía en España

¡Paparruchas!

Luis Alfonso Gámez

March 18, 2016

By Allan warren (Own work) [CC BY-SA 3.0 or GFDL], via Wikimedia Commons

Ocurrió hace trece años. Barbra Streisand denunció en 2003 a Kenneth Adelman, fotógrafo y activista medioambiental, por publicar en Internet una vista aérea de su casa de Malibú (California). La foto formaba parte de una colección de 12.000 imágenes con las que Adelman quería documentar la erosión de la costa californiana. Cuando los abogados de la actriz reclamaron al activista una indemnización millonaria y la retirada de la foto, la imagen sólo se había descargado seis veces, incluidas dos por los representantes legales de Streisand. Durante el mes siguiente, la vieron más de 420.000 personas y la demanda fue noticia en medios de todo el mundo. La Justicia desestimó el caso, y la denuncia y sus consecuencias acabaron dando nombre al efecto Streisand, que ocurre cuando un intento de silenciar o minimizar una información consigue lo contrario. Es lo que le pasó a la multinacional homeopática Boiron hace unos días en España.

El 2 de marzo, la Universidad de Barcelona anunció la supresión de su máster en homeopatía, que ofrecía desde mediados de los años 90, porque “no hay una evidencia científica clara”. La decisión se tomó tras en un dictamen de la Facultad de Medicina de la institución académica, la imposibilidad de obtener la acreditación del título tanto de las autoridades autonómicas como de las centrales, y las quejas recibidas del profesorado y del alumnado. Lo llamativo no es que se eliminara el máster, sino que existiera, dado que nunca ha habido pruebas de que la homeopatía sea más que placebo. Durante los días siguientes, los medios de comunicación españoles se hicieron eco de la noticia, y los escépticos hablamos de ella en nuestros blogs, la prensa, la radio y la televisión.

La sorpresa llegó el 8 de marzo cuando Boiron, el principal fabricante de homeopatía del mundo, convocó para la mañana siguiente una rueda de prensa de su directora general, Valérie Poinsot, ante lo que la compañía consideraba “una campaña de comunicación sin precedente [que] ataca a la homeopatía en España”, “revela un desconocimiento profundo de la realidad de la homeopatía en España y en el mundo”, y “testimonia una falta de respeto a los millares de médicos y a los millones de españoles que han escogido las medicinas homeopáticas”. Cuando me enteré de la convocatoria, no podía creérmelo. ¿Habían tenido en cuenta en Boiron los efectos de una conferencia de prensa en la que sus responsables no iban a poder presentar ni una sola prueba a favor del uso de sus productos? Desde el primer momento, pensé que con un poco de suerte la multinacional homeopática haría el ridículo con luz y taquígrafos. Así fue.

#preguntaaBoiron

La rueda de prensa fue un despropósito. Poinsot admitió ante los periodistas que no sabe por qué funciona la homeopatía -si se lo hubiera preguntado a una escéptico, lo sabría: por el efecto placebo- y dijo que recurren a ella miles de personas y “los pacientes no necesitan la evidencia científica de un medicamento, sólo que funcione”. “Mucha gente critica la Nutella, pero a los niños les gusta”, añadió la alta ejecutiva de la firma francesa. También podía haber dicho: “¡Cien mil millones de moscas no pueden estar equivocadas, coma mierda!”. Mientras la directora general de Boiron hablaba ante partidarios y periodistas en una sala de un hotel madrileño, en el Twitter español la homeopatía era motivo de mofa bajo la etiqueta #preguntaaBoiron: “No entiendo ese desprecio generalizado hacia la homeopatía si nunca le ha hecho nada a nadie”; “La memoria del agua es selectiva? ¿Recuerda principios activos, pero no las heces que ha llevado? ¿Puede olvidar traumas?”; “Cuando un diabético con hiperglucemia se mea en la piscina, ¿está haciendo un [preparado] homeopático sin querer?”… Soy culpable de haber puesto a rodar esa bola, aunque no fue algo buscado.

Dado que no iba a poder asistir a la rueda de prensa de Madrid porque vivo en Bilbao, poco antes de la comparecencia de Poinsot se me ocurrió lanzar media docena de preguntas en Twitter con la etiqueta #preguntaaBoiron. No esperaba nada, pero no quería quedarme callado. Las consecuencias me desbordaron. Pronto hubo gente que empezó a demostrar su ingenio para reírse de la homeopatía mientras otros hacían preguntas serias. Desde media mañana, #preguntaaBoiron fue el segundo tema de conversación más popular de Twitter en España, sólo por detrás del descubrimiento del apoyo de los Reyes a un empresario procesado en un caso de corrupción. Por si el cachondeo fuera poco, el gestor de redes sociales de Boiron se dedicó a bloquear a todo el que le importunara, con lo que echó más gasolina al fuego.

“Ridículo de Boiron en su defensa de la homeopatía”, sentenciaba Redacción Médica poco después del encuentro de Poinsot con los periodistas. Añadía en otra información que la multinacional había tenido que hacer frente a una tormenta sin precedentes en Twitter. “#PreguntaABoiron, el hashtag guasón que aplastó la reputación del gigante de la homeopatía”, titulaba al día siguiente en el sitio PRNoticias, que destacaba que, “en pocos minutos, el hashtag se posicionaba entre los temas de mayor tendencia de nuestro país e inspiraba a más personas a poner a prueba su agudeza humorística. Sólo hoy (por el día siguiente), el hashtag alcanza las 531.525 impresiones”. Para mayor desgracia de Boiron, Juan José Rodríguez Sendín, presidente de la Organización Médica Colegial (OMC), el organismo que regula la profesión médica en España, decía esa misma tarde que la homeopatía no cuenta con “ningún tipo de evidencia científica” a su favor y pertenece “al mundo de las creencias”. El máximo responsable de los médicos españoles tildaba, además, de “disparate” la normativa europea que cataloga a los productos homeopáticos como medicamentos, pero, al mismo tiempo, les exime de demostrar su efectividad.

El poder de la gente

Excepto algún medio aislado, tras a la suspensión del máster de la Universidad de Barcelona, periódicos, radios y televisiones se mostraron en España muy críticos con la homeopatía, algo que no había pasado hasta ahora. La rueda de prensa de Boiron hizo que la oposición a esa práctica fuera a más y obligó a la OMC a posicionarse frente a ella, cuando lleva años evitando manifestarse abiertamente. Por mi parte, espero que esta demostración del efecto Streisand abra los ojos a muchos escépticos sobre el poder de las redes.

En la época anterior a Internet, Boiron habría ofrecido su rueda de prensa y la mayoría de los medios habrían dado por buenas sus afirmaciones. En el mejor de los casos, después los críticos habríamos escrito y llamado a los medios con los resultados previsibles: se publicaría alguna carta al director y poco más. Internet, considerado por muchos un gigantesco vertedero de desinformación, ha hecho en los últimos años que el mensaje escéptico suene más alto y llegue a más gente que nunca. Ya no nos pueden silenciar, y eso es algo que tenemos que aprovechar. Internet ha posibilitado, en el caso de la homeopatía, que médicos críticos con esa pseudoterapia sepan que no están solos y unan sus fuerzas en organizaciones como el Círculo Escéptico, que luchan contra la superchería y promocionan el pensamiento crítico.

La pequeña victoria que ha supuesto en España el descrédito sufrido por Boiron en las últimas semanas no ha de cegarnos. Queda mucho por hacer y tenemos enfrente a una multinacional con un negocio de cientos de millones de euros que va a defender con uñas y dientes. Cuando lleguen las derrotas, que llegarán, piensen que también las hubo en la lucha contra el tabaco. Por de pronto, además de echar a la homeopatía de las universidades españolas, hay que exigir a las organizaciones profesionales de médicos, farmacéuticos y enfermeras que no den cabida en su seno ni a ésta ni a ninguna otra pseudoterapia, y hay que poner en marcha iniciativas transnacionales para cambiar la directiva europea que regula el uso de la homeopatía para que se rija por criterios científicos y no se pliegue a intereses económicos, como ha denunciado el presidente de los médicos españoles.

Luis Alfonso Gámez

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Luis Alfonso Gámez es periodista, consultor del CSI, miembro del Círculo Escéptico, y autor del libro El peligro de creer (2015) y del blog magonia. Trabaja en el diario español El Correo.