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Una tecnología consistentemente errónea

A Magician in the Lab

James Randi, translated by Alejandro Borgo

Skeptical Inquirer Volume 41.5, September/October 2017

Artículo traducido por Alejandro Borgo, Director del CFI/Argentina.



Frecuentemente he sido invitado a participar como consejero en casos o investigaciones judiciales donde podría ser útil debido a mi experiencia como ilusionista, aunque siempre me negué a aceptar la evidencia obtenida por el polígrafo, o detector de mentiras, como se lo conoce usualmente. Sin embargo, si recurrieran a mí para negar que este absurdo dispositivo es efectivo o confiable, no dudaría en hacerlo. La evidencia está en contra de esta tecnología, es difícil creer por cuánto tiempo existió como noción supuestamente válida.

Demos una mirada a la llamada “detección de mentiras”. El dispositivo es en sí mismo una pesadilla, constituida por tuberías, cables, electrodos y agujas que se mueven… algo similar a una producción de Bugs Bunny. Midiendo y mostrando cambios en la respiración, latidos del corazón, presión arterial, conductividad de la piel y otras variables del sujeto en cuestión, se genera una compleja serie de gráficos -líneas- y un técnico es, teóricamente, capaz de decidir si las respuestas a un conjunto de preguntas fueron respondidas honestamente o no. No es necesario involucrarse en todos los aspectos del procedimiento, por ejemplo, quién se encarga de las preguntas que deben ser contestadas, aunque esto es un problema de gran importancia. Examinemos las opiniones de los “profesionales” que deberían saber algo.

El 5 de noviembre de 2002, con el membrete del Pentágono, como Secretario Adjunto de Defensa de Comando, Control, Comunicaciones e Inteligencia, este memorándum fue enviado por John P. Stenbit a los directores y administradores de todas las principales oficinas militares del Departamento de Defensa:

ASUNTO: el continuo uso de las técnicas del polígrafo

Recientemente he revisado el informe del Consejo de Investigación Nacional (NRC) sobre la evidencia científica de la validez de la técnica del polígrafo. Si bien el informe contenía varios hallazgos que llevaron a mejorar los métodos para la detección del engaño, pienso que es importante enfatizar que el NRC encontró que ninguna de las potenciales tecnologías para la detección del engaño mostró alguna promesa para reemplazar la técnica del polígrafo en el futuro cercano.

Creo que esto podría haber incluido también a las cartas del Tarot o las tablas Ouija, tal vez con mayor sensatez. ¡Nótese que no dice que el polígrafo no funciona en absoluto! La verdad es que es un montaje de alta tecnología que ha fallado permanentemente en pruebas de doble-ciego para demostrar su eficacia, pero en la forma que fue escrito el párrafo arriba mencionado, hay una fuerte sugerencia de que la farsa realmente había funcionado como se afirmaba. El siguiente párrafo es peor aún, repitiendo la misma necia afirmación e implicando que el polígrafo realmente funciona:

Mientras el Departamento continúa investigando tecnologías alternativas en este área crítica, creo que es importante recordar que el informe del NRC determinó que la técnica del polígrafo es la mejor herramienta de que disponemos para detectar el engaño.

¿”La mejor herramienta”? No, me inclinaría por un par de dados. Siguiente: en un solo párrafo el Secretario Stenbit se refirió al polígrafo como “una herramienta importante” —¡en dos oportunidades!— cuando es virtualmente inútil, de acuerdo con el mismo reporte de la Academia Nacional de Ciencias/ NCR (como ya veremos). Se trata simplemente de una descarada negación de un hecho para apoyar una opinión errónea, aunque oficial.

En los meses siguientes, nuestro país va a enfrentar muchos desafíos respecto de la seguridad nacional. La técnica del polígrafo permanece como una herramienta importante para detectar el engaño en cuestiones de seguridad nacional y la ejecución de leyes. Donde sea apropiado y autorizado, recomiendo que continuemos usando la técnica del polígrafo como una herramienta importante en nuestro proceso de tomar decisiones.

A fines de 2002, como reacción a los comentarios de Stenbit, el NCR, dependencia de la Academia Nacional de Ciencias, emitió su informe oficial sobre el uso del polígrafo. El secretario Stenbit ignoró completamente el informe, que decía que el uso del dispositivo no estaba justificado — y aunque era peligroso para la seguridad nacional, el informe no describía al polígrafo como “la mejor herramienta disponible para detectar el engaño”, como Stenbit había escrito. En su resumen, el Consejo (NCR) concluyó: “En general, la evidencia (acerca de la validez del polígrafo) es escasa y científicamente débil… y algunas alternativas potenciales al polígrafo son promisorias, pero ninguna ha demostrado ser mejor”.

Ya que el polígrafo funciona tan bien como el Oráculo de Delfos —una dudosa promesa, aunque más antigua— no ayuda en nada. Respecto de la tecnología del polígrafo en general, la NAS/NRC manifestó que “… no hay evidencia sobre la validez del polígrafo, esto es, su habilidad para proporcionar un valor predictivo acerca de lo que pueden conseguir otros métodos”.

Examinemos la realidad, muchachos. Un relato del noticiero de la CBS de un atentado suicida en la base de la CIA en Afganistán estableció, sobre la negligente aceptación de un espía de la base: “El doble agente fue llevado a la base sin ser sometido a un test poligráfico, una de las herramientas básicas para establecer la confianza de un espía”. Esto no tiene sentido, el polígrafo simplemente no funciona.

Aldrich Ames

La historia de esta farsa es larga y con varios “expertos” desinformados delirando sobre éxitos y agencias que aceptan los resultados como si fueran válidos. Hablando del caso de Afganistán, algunos ejemplos constituyen ejemplos muy fuertes de este error: en 1985, el uso del polígrafo no expuso el hecho de que Larry Wu-Tai Chin, traductor de chino que trabajaba para la CIA, estaba vendiendo información crucial a China durante 33 años, a pesar de haber sido puesto a prueba con tests poligráficos. En 1994, Aldrich Ames, analista de primera línea de la CIA, pasó todos los exámenes del polígrafo, aunque durante años fuera un gran espía soviético que pasaba información a sus empleadores. (Aldrich confirmó esto directamente al Skeptical Inquirer (SI). Luego de que el científico de los laboratorios Sandia, Alan P. Zelicoff publicó una denuncia sobre el test poligráfico en el Skeptical Inquirer, en 2001, Ames escribió al SI desde la cárcel, estando de acuerdo con el artículo y diciendo que el polígrafo era “ciencia basura” y “una superstición”. El SI publicó su carta (Vol. 25, Nro. 6, 2001); también véase la nota de tapa del volumen de Enero/Febrero de 2016 “El detector de mentiras otra vez examinado”, por Morton Tavel. En 2001, Robert Hanssen, del FBI, no fue detectado a pesar de los monitoreos periódicos de los empleados del FBI que usaban polígrafos. Su traición se describió, en una revisión de los programas de seguridad del FBI, como “posiblemente el peor desastre de la historia de la inteligencia en los Estados Unidos”.


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El hecho es que ni un solo espía ha sido detectado por un polígrafo. En 2003, la Academia Nacional de Ciencias emitió su informe final titulado “El polígrafo y la detección de mentiras”. Halló que la investigación poligráfica es “no confiable, no científica y distorsionalda”, y que en asuntos de seguridad nacional, el nivel de precisión llega a un punto en el que su exactitud para distinguir violadores potenciales o reales de la seguridad es insuficiente para justificar la confianza sobre su uso en monitoreos del personal de los empleados en las agencias federales”.

La NAS también detectó la alta tasa de falsos positivos obtenida con el detector de mentiras y la consideró inaceptable. El médico y miembro del CSI, Bob Parks, con su usual humor irónico dijo: “He discutido, sin embargo, que el problema real es el pequeño número de positivos verdaderos. Propongo reemplazar al polígrafo con una tirada de monedas. El desafortunado incremento de los falsos positivos constituye un daño colateral, el cual es inevitable en la guerra”.

Los medios también están encantados con esta estupidez electrónica, que agrega luces intermitentes, zumbidos y misterio. A principios de 2010, una potencial pareja de padres adoptivos —llamada por el FBI como “sospechosos” acerca de la desaparición de un bebé de ocho meses en Arizona— apareció en la televisión pidiendo un test poligráfico para determinar si estaban diciendo la verdad. La prueba fue debidamente ejecutada, y al día siguiente los examinadores poligráficos anunciaron los resultados: no concluyentes. Sin embargo la percepción del público es que el polígrafo es un dispositivo científico que funciona. Los medios no dicen nada acerca de la sólida evidencia científica acerca de la validez del polígrafo. De hecho, como lo señala el ingenioso Bob Park: “El polígrafo busca picos en la presión arterial, los latidos del corazón, la respiración y la transpiración. En otras palabras, no puedes mentir sobre el acto sexual”.

Stephen E. Fienberg, presidente del departamento de estadística de la Universidad Carnegie-Mellon en Pittsburgh, que estuvo al frente del panel designado por la Academia Nacional de Ciencias para evaluar la validez del polígrafo, dijo: “Está en cualquier agencia que tenga tres o cuatro letras, incluyendo al Correo Postal de los Estados Unidos”.

El informe del panel concluyó que casi un siglo de investigación puede haber producido una pseudociencia capaz de engañar a la gente ingenua dejando escapar la verdad, pero no más que eso. Así el presidente Fienberg se sorprendió al encontrar que el informe de su panel avalaba el creciente número de tests de detectores de mentiras que el Departamento de Defensa (DOD) puede administrar anualmente.

En un informe junto con el Congreso, en enero, el DOD afirmó que había administrado más de 11.500 tests de ese tipo en el año fiscal 2012. ¡Eso significa más de veinte en un solo día! De ese total, 4.219 fueron “polígrafos en el ámbito de la contrainteligencia”, o exámenes CSP, con un límite de 5.000 exámenes por año. En su propio informe, el DOD informó al Congreso que debería pedir autorización para llevar a cabo más exámenes, y citaba el informe de la NAS como apoyo, de acuerdo a Steven Aftergood, que monitoreaba la política poligráfica para la Federación de Científicos Estadounidenses. El informe del DOD indicaba: “Es importante observar que el informe del NRC ha concluido que la técnica del test poligráfico es la mejor herramienta actualmente disponible para detectar el engaño y evaluar la credibilidad… El Departamento continuará usando la técnica del polígrafo como lo ha hecho en el pasado, hasta que haya tecnologías o metodologías mejores, como resultado de la investigación científica”.

Muchachos, cualquier cosa puede ser una “tecnología mejorada” respecto de este juguete de alta tecnología, ¡la mejor herramienta actualmente disponible! El presidente Fienberg llamó desinteresadamente la referencia del DOD al informe de la Nas “falsa”. Un vocero del DOD dijo que provenía directamente de la conclusión del panel de la NAS que, mientras haya más tecnologías promisorias, ninguna ha suplantado al polígrafo. Debería haber agregado que el Ratón Pérez no había suplantado a otros medios para proveer fondos a los niños. Cuando se le preguntó a Don White, vocero de la Oficina de Inspección General (OIG), del Departamento de Salud y Servicios Humanos, no discutió si las pruebas del detector de mentiras formaban parte de su protocolo de investigación, aunque el vocero del DOD nombró a la OIG como uno de los organismos que usa polígrafos.

Para cerrar la denuncia de esta particular pseudociencia, yo remarcaría en primer lugar que en el ejemplar de Marzo/Abril de 2013 del Skeptical Inquirer, Dr. L.G. Wade Jr. comentó un artículo sobre frenología, el arte de leer protuberancias en la cabeza para determinar el carácter y los talentos. Alguna vez fue utilizada por empleadores, los militares, e incluso en los procedimientos judiciales para examinar a los individuos, especialmente en Francia, y fue considerada como ciencia real, tanto como el polígrafo lo es hoy. El Dr. Wade escribió:

Primero fui alertado sobre el fraude del “detector de mentiras” por dos casos: un asistente del tesoro del condado que fue falsamente acusado de malversación de fondos y un consternado viudo que fue también falsamente acusado de matar a su esposa. Ambos acusaron como “fallido” al examen del polígrafo (sea lo que signifique esto) y fueron inmediatamente condenados en los periódicos, con sus reputaciones destruidas. Ambos fueron exonerados. Las medidas poligráficas respecto a los indicadores de estrés, y la gente honesta que es falsamente acusada de crímenes atroces, probablemente “fallen” en el examen. Por otro lado, los criminales reincidentes muestran poco estrés cuando se les pregunta sobre sus crímenes.

A diferencia de la frenología, las pruebas con el polígrafo todavía se usan y son aceptadas por la ley y el gobierno. Todavía se usan en el FBI, la CIA y otras agencias para exámenes de empleo.

¿Que harías si te hicieran pasar por un examen poligráfico? Si accedes a someterte a uno, podrías estar depositando tu reputación en manos de un charlatán que puede decir que eres culpable o inocente. Si te niegas, vas a ser considerado culplable. Nuestro gobierno debería ser presionado para abandonar semejante pseudociencia.

Otras participaciones en casos judiciales donde se me solicitó mi experiencia personal, fueron menores o muy similares a las que mencioné. Muchos casos involucraban estafas de gitanos, que son las más típicas, según creo, porque aprovechan las supersticiones o religiones étnicas. Otra vez, la religión está detrás de nuestra aceptación de la realidad.

Nada nuevo en esta afirmación.



James Randi

James “el sorprendente” Randi es ilusionista, investigador de las afirmaciones sobre lo paranormal, autor (Flim-Flam!, The Faith Healers, The Mask of Nostradamus, The Magic of Uri Geller), y presidente de la Fundación Educativa James Randi. Fue miembro fundador del CSICOP. El presente artículo está basado en una presentación especial que dio en el Quinto Congreso Mundial de Escépticos, en Abano-Terme, Italia, 8 de octubre de 2004.