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Cómo superar a un Maestro de Tai Chi

Investigative Files

Joe Nickell, translated by Alejandro Borgo

Skeptical Inquirer Volume 41.1, January/February 2017

Artículo traducido por Alejandro Borgo, Director del CFI/Argentina.


En casi medio siglo de investigación de extraños misterios, frecuentemente me encontré con alegatos sobre una misteriosa fuerza o poder conocido como qi o ch’i, o simplemente chi. El término se traduce como “aire” o “soplo” y, por extensión, “fuerza de vida” o “flujo de energía”.

En las culturas asiáticas tradicionales, especialmente la cultura china, chi es el principio esencial en prácticas como el feng shui, el arte de crear ambientes armónicos; la acupuntura, un tipo de medicina china en la cual se insertan agujas en puntos específicos para estimular el flujo de chi (Nickell 2012); y ciertas artes marciales, incluyendo el tai chi. Me voy a explayar sobre éste último, revelando los trucos usados por los maestros y sus seguidores.

Debo decir que no tenía mucho conocimiento especial para hacer esta investigación en particular más que mi experiencia como ilusionista (Nickell 2005, 219–220, 231–232, 274), pero hice un curso de judo en una facultad de deportes y por primera vez me entrené —con un cinturón negro de karate y por el profesor de física Matt Lowry— para romper tablas golpeándolas con la mano (Nickell 2011; 2012a).


This article was originally featured in Skeptical Inquirer in English.
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Tai Chi, et al.

Tai chi es una abreviatura de taiji quan, “boxeo máximo supremo”. Concebido hace siglos como un arte marcial, ahora también se practica —“Tai chi taoísta”— como técnica de ejercicios. Cuando fui a China en 2010 como investigador visitante en un programa de intercambio (ver Nickell 2012), observé a la gente haciendo ejercicios matutinos de tai chi. Los movimientos elegantes y fluidos me recordaron la caligrafía china y los alegatos acerca de que esta práctica podían ayudar a reducir el estrés y tonificar los músculos me resultaron plausibles.

Figura 1. El autor en la tumba de Dixie Annie (Jarrett) Haygood, también conocida como Annie Abbott, “El pequeño imán de Georgia”, a quien hombres forzudos no podían mover. (Foto del autor, tomada antes de que se instalara una lápida mortuoria).

Aparte del tai chi, todas las artes marciales contienen el concepto de chi —incluyendo al kung fu, un tipo de lucha china sin armas, y el taekwondo, una forma de karate coreana en la que se utilizan movimientos agresivos como golpes, manotazos y patadas espectaculares. Todo se basa en el chi, la supuesta fuerza interna de energía vital, tal como se analiza en la Enciclopedia Qi (Larn 2016). Hay muchos alegatos sin base acerca del mágico e invisible chi —cuya existencia no está corroborada por la ciencia.

Consideremos la miríada de alegatos terapéuticos que se hicieron para promover el tai chi. Bruce Tegner (1973, 140), autoridad en artes marciales los llama “engañosos”. Lo explica así:

Los promotores del tai chi afirman que la ejercitación en tai chi va a curar tantas enfermedades y restaurar muchos órganos que no funcionan, como lo prometían los bálsamos que se vendían en el pasado. Si bien es verdad que la práctica de una rutina (de ejercicios) puede promover la salud general y te vas a sentir mejor si haces tai chi, no hay ninguna evidencia aceptable de que el tai chi sea un sustituto de la medicina. Un maestro de tai chi no tiene ninguna preparación para diagnosticar enfermedades, o para prescribir una cura o tratamiento. Si estás enfermo, ve a un médico. Si tu enfermedad puede “curarse” haciendo tai chi, podría ser “curada” por cualquier rutina de ejercicios. Es un engaño cruel hacer promesas de “curación”; más que aumentar la reputación del tai chi, lo rebaja al rango de una actividad propia del charlatanismo.

Las artimañas del chi

Se han hecho más afirmaciones sobre el chi —incluyendo también a otras artes marciales— que realmente se deben a la aplicación de principios físicos simples. He aquí unos pocos ejemplos.

Proezas con velas. En 1984, uno de mis estudiantes, que había presenciado una demostración sensacional de karate, me dijo cómo el practicante supuestamente lanzaba “energía” (chi) para apagar una vela. Supuestamente lo lograba apuntando simplemente a la llama en una pose histriónica.

Fui a ver la demostración en una escuela secundaria de Lexington, Kentucky. El artista marcial se tapaba la boca para probar que no estaba soplando la llama. Movía su mano abierta en un corto soplo hacia la llama. La primera vez la llama solo titiló, pero al cuarto intento fue extinguida. Después yo mismo fui capaz —practicando— de recrear la proeza. También hallé que el secreto para realizarla había sido publicado meses antes en una revista de kung fu. El secreto yace en “desplazar el aire… La velocidad de tu técnica es lo que causa que la llama se apague” (Blauer 1983, 86).

Cortar una manzana sobre el cuello. La misma tarde en que presencié la prueba de la vela, también vi una proeza que parecía riesgosa, en la cual un artista marcial colocaba una manzana en el cuello de un hombre acostado y la cortaba en dos con una espada. Ésta llegó rápidamente pero se detuvo en forma súbita —algo parecido a parar un golpe en una pelea ficticia. Esto se puede practicar exitosamente.

La espada no precisa llegar al fondo para partir la manzana en dos. De hecho, he escuchado algo acerca de un truco en el cual se inserta un alambre rígido en la manzana cerca del fondo para ayudar a parar el golpe de la espada. Sin embargo, a veces la prueba puede fallar, como se muestra en un video en YouTube en el cual un asistente termina con el cuello cortado —afortunadamente no fue fatal (“Karate Master” 2009).

Efectos de psicoquinesis. Un joven instructor de artes marciales y ex presidiario llamado James Hydrick engañó a mucha gente en los años 80 haciendo que un lápiz en equilibrio se moviera con solo señalarlo, pasar varias páginas de una guía de teléfonos a varios pies de distancia simplemente mirándola fijamente, y llevando a cabo otras proezas. Siendo promovido por un relato de Associated Press y el programa de TV That’s Incredible (Eso es increíble), Hydrick pareció ganar algo de apoyo científico acerca de sus poderes cuando pasó varios estudios propuestos por un profesor asistente de ingeniería mecánica. Hydrick usó un atuendo de karate y afirmó que la filosofía oriental lo ayudó a desarrollar su poder mental.

Sin embargo, Hydrick fue destrozado cuando el ilusionista e investigador de fenómenos parapsicológicos James Randi lo desafió en What’s My Line? —ofreciéndole 10.000 dólares si podía demostrar poderes paranormales genuinos, tal como lo afirmaba. Randi pensaba que Hydrick simplemente estaba soplando para mover el lápiz y pasar las hojas de la guía telefónica, así que esparció sobre la mesa pedazos de poliuretano extruido del peso de una pluma rodeando a la guía y lo desafió a repetir la proeza. Si estaba soplando, los pedazos de poliuretano serían afectados y así se revelaría el truco. Hydrick estuvo una hora y media fingiendo usar sus poderes antes de rendirse (Baker and Nickell 1992, 80). Más tarde confesó, fanfarroneando, que había “engañado al mundo entero” (Korem 1988, 149).

Nocauts sin contacto. El maestro de karate George Dillman supuestamente descubrió una técnica que le permitía dirigir el chi para noquear a una persona. Mis amigos italianos Massimo Polidoro y Luigi Garlaschelli investigaron el alegato para un episodio del programa Is It Real?, de la National Geographic. Empezaron mirando un video de Dillman moviendo las manos delante de un voluntario que comenzó a oscilar y luego cayó al piso, “exactamente como Obi Wan Kenobi lo hubiera hecho en una guardia imperial en las películas de Star Wars” (Polidoro 2008, 20).

Los escépticos sospechaban que la proeza dependía del poder de la sugestión. “Parecía una de las viejas pruebas hipnóticas donde el hipnotizador se para frente a alguien, señala con un dedo su cara diciéndole que está por caerse hacia atrás y, luego de un momento, la persona cae tal cual se espera” (Polidoro 2008, 20). Cuando llevaron a cabo un experimento con Dillman, y Garlaschelli se paró con los ojos cerrados como se le sugirió, se dio cuenta de que había otro factor en juego: es más fácil perder el equilibrio con los ojos cerrados. Así que abrió los ojos y los golpes de chi no lo afectaron en absoluto.

Los investigadores continuaron con otro test en el cual un estudiante de Dillman se paró detrás de una cortina que bloqueaba su visión mientras que el maestro de karate mandaba sus golpes chi a intervalos indicados por los escépticos. Esto impedía que actuara la sugestión, y el estudiante se quedó de pie, algo confundido, esperando una fuerza chi que nunca llegó.

Retrato de Don Ahn en su tarjeta comercial (colección del autor)

El plantado firme

Otra afirmación cuestionable —que un productor de televisión me mostró en 2009— implica lo que se conoce en las artes marciales como “rooting”. Esta es una habilidad especial —conseguida haciendo que el chi salga del suelo mientras uno imagina raíces saliendo de los pies— para mantenerse plantado firmemente a pesar de una fuerza entrante (“Rooting” 2016). Observé un video filmado apresuradamente del Gran Maestro de tai chi Don Ahn. Lo que vi me hizo recordar una de las pruebas de los “imanes humanos”— como el de la adolescente Lulu Hurst de Georgia aproximadamente en 1880.

Llamada “El imán de Georgia”, Hurst, de 15 años, podía pararse frente a la audiencia sosteniendo un palo paralelo al piso del escenario, mientras dos hombres forzudos que lo agarraban intentarían moverla. En cambio, ella apenas presionaba contra el palo y no solo impedía la acción sino que empujaba a los hombres que estaban en el escenario para delicia de los espectadores. Hurst llamaba a este poder un “Gran Desconocido”. Sin embargo, al tiempo llegaron las críticas: el New York Times (13 de julio de 1884) dijo que sus actuaciones eran “un fenómeno de estupidez que demostraba cómo la gente podía ser engañada...”

La señorita Hurst también se interesó por la forma en que los espiritistas la acogieron como una médium poderosa. Luego de dos años de actuaciones, se casó con un joven que manejó su show y volvió a la oscuridad. Más tarde confesó que el secreto de su poder sera simplemente una “fuerza de bloqueo”, a saber, “principios mecánicos no reconocidos de palancas y balance”. Simplemente Hurst hacía que la fuerza aplicada sobre ella fuera bloqueada, o rebotara, transformándola en un esfuerzo inútil (Nickell 1991, 34–40).

Entre varios imitadores de Hurst, “Una de las más ingeniosas es éstos”, escribió el ilusionista Harry Houdini (1920, 228) usó el nombre artístico de Annie Abbott. Sus afiches la llamaban “El pequeñó imán de Georgia”. Fue una breve sensación en Londres, donde llevó a cabo su acto en 1891, pero —expuesta por lo que Houdini (1920, 229) llamó “una ingeniosa periodista”— pronto desapareció. Su nombre real era Dixie Annie (Jarrett) Haygood, y está sepultada en el cementerio Memory Hill, en Milledgeville, Georgia, donde yo estuve varios años atrás (ver Figura 1).

Vencer a un Maestro

El maestro Ahn parecía usar métodos similares a los de Hurst y Abbott. Volé a Nueva York el 26 de junio de 2009, para filmar un demo para una posible serie televisiva. Lo observé de cerca. 1)Permanecía firme mientras otros intentaban empujarlo hacia atrás. Aplicaba los principios de un bajo centro de gravedad (su pequeña estatura y su efectiva postura) y del bloqueo de fuerza. 2) Empleaba su antebrazo como Lulu Hurst usaba su palo, haciendo que sus oponentes colocaran sus manos allí de manera que pudiera usarlos como palanca, pivoteando desde el codo.

Fui el único que lo pudo desplazar, y lo hice trastocando su método: me agaché rápidamente, lo agarré y lo moví hacia atrás. Él se opuso objetando que yo lo estaba manipulando. Y así lo hice, rechazando jugar su juego, lo cual no tenía nada que ver con el chi y mucho que ver con los principios físicos. Por supuesto, fue grosero comportarme de esa manera, pero no era lo mismo que quitarle algo de las manos a un ilusionista. Éste último es un impostor honesto, mientras que el artista marcial que se atribuye tales proezas a otra cosa que no sean principios de la física está engañando al público.

Para limar asperezas, yo fingí que había malinterpretado lo que se esperaba y lo invité a tratar de nuevo, permitiéndole tener éxito. No solo resistió mi empujón sino que me repelió, mientras yo jugué con sus reglas y lo dejé que bloqueara fácilmente mi fuerza.



Notas

  1. Nunca supe lo que pasó con nuestro video de este evento, ya que me dediqué a otro proyecto fílmico. Un productor dijo que estaba muy contento por mi esfuerzo (Gaines 2009).
  2. Dongkuk “Don” Ahn (1937-2013) también fue un prominente artista que vivía en Nueva York. Nacido en Seúl, Corea del Sur, pintó en acrílico en un lienzo utilizando fluidas pinceladas que remedaban la caligrafía oriental (“Don Ahn” 2014).

Referencias

Joe Nickell, translated by Alejandro Borgo

Joe Nickell, Ph. D., es miembro investigador Senior del Comité para la Investigación Escéptica (CSI) y columnista de “Archivos de Investigación” del Skeptical Inquirer. Ex ilusionista profesional, investigador privado y maestro, es autor de numerosos libros. Ha aparecido en varios documentales de televisión. Su sitio web es joenickell.com.